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El Xoloizcuintle en las ofrendas del Día de muertos

Hoy en día se suele poner una estatuilla del Xoloizcuintle en las ofrendas o altares del Día de Muertos.

Hace 3,500 años fueron grabadas unas de las primeras imágenes conocidas de xoloitzcuintles en la cueva del Tecolote en Hidalgo.

Xoloitzcuintle, como voz náhuatl, se descompone en la palabra: Xolotl: dios mexica de la vida y la muerte e Itzcuintle: perro. Lo cual puede interpretarse como: Perro del dios Xolotl.

El mismo dios Xólotl creó al Xoloitzcuintle como regalo al hombre recién creado también, para su regocijo y alegría, lo fabricó hábilmente a partir de un fragmento del “hueso de la vida” rescatado por Quetzalcóatl del inframundo para la gran creación.

El perro divino tenía además poderes de curación, se creía que la elevada temperatura corporal del Xolo, de 40° grados, curaba enfermedades como la artritis y el reumatismo, el asma y los dolores menstruales, con sólo tocar al perro con la parte afectada, así que el amoroso Xolo, pasó entre las casas de los mexicanos con su halo divino protector.

El vínculo entre el hombre y el perro Xoloitzcuintle había encontrado un elemento de fusión que los acompañaría durante milenios de vida mesoamericana, el perro, amoroso compañero y fiel guardián, compartiría el espacio y la vida con el mexicano en esta vida y en la otra, existía la creencia que al morir la persona tendría que realizar una larga, sinuosa y ardua caminata.

El perro es imaginado con un collar de hilo de algodón en el cuello, con lo cual ayudaba a los muertos en su largo viaje, pues podían agarrarse de él para cruzar el temido río de Chiconahuapan y las nueve dimensiones que debían sortear juntos valiéndose de la inteligencia y la astucia del can, antes de llegar a Chiconamictlan: el lugar de los muertos, donde finalmente llegarían a liberar el Tonalli, lo que podríamos interpretar como: el alma.

Con la llegada de los europeos en 1519, particularmente con el desembarco de Hernán Cortes, las condiciones de los perros Xoloitzcuintle serían relegadas al ámbito rural y habrían de permanecer convenientemente escondidos, lo que favoreció su permanencia hasta nuestros días.

Ha sobrevivido gracias a su rusticidad, fortaleza y salud sorprendentes. Curiosamente igual que en el mito indígena, en el que los dioses se inmolan para crear la edad del Quinto Sol y mantener vivo al astro proveedor de vida, cuando le toca el turno al dios Xólotl de inmolarse, este huye y se escapa de la mirada de todos, con esa misma habilidad mimética y dual, los Xoloitzcuintle escaparon para esconderse de su principal depredador: el hombre.

Se comienza en el siglo XX y finalmente en el XXI se da el reconocimiento universal a un ser que ha trascendido milenios de años de vida acompañando al humano, perro que con sus grandes capacidades y facilidad de adaptación, ha permanecido vigente en el corazón y el pensamiento, un ser tan sensible y enigmático, seguro e independiente, con la dignidad que le confiere su origen divino, el Xoloitzcuintle debe considerarse como: Patrimonio Cultural de todos los mexicanos.

Por todo esto, siendo tan importante en nuestra cultura, forma parte del collar Deconstrucción de Ofrendas.

Fuente

revistapps.mx